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Preparando una parrillada

Es de sobra conocido que somos animales gregarios, de los que convivimos en comunidades, y de los que nos vamos juntando en grupos para realizar nuestras tareas.

Tareas que pueden ser de todo tipo: trabajo, hacer deporte, distraerse, ir al cine... Cada vez que dos o más nos juntamos, estamos creando un grupo. Todas las personas no necesitamos de el mismo nivel relación en cada momento.

Algunas podemos juntarnos a diario y otras únicamente buscan compañía alguna vez por semana. Hacer las cosas en solitario, en grupos pequeños o en grupos más grandes, va a depender de las personas, y de las distintas situaciones. 

Según dicen las teorías que hablan sobre la forma de agruparnos, para que nos unamos tenemos que tener uno, o varios objetivos comunes. Aparte de esto, nos hace falta pensar que necesitamos al resto del grupo para alcanzar estos objetivos.

Si nos juntamos con otras personas para dar un paseo en bicicleta, y disfrutar de su compañía, no nos importa mucho ni la ruta ni los horarios. Sin embargo, si priorizamos realizar una ruta en un tiempo determinado, y si pensamos que saliendo en grupo no lo podremos lograr, deberíamos de salir en solitario. 

Esta es más o menos la idea de base. Y en nuestro caso, cada vez que organizamos una quedadas parrilleras y buscamos pasar un buen momento, nos rodeamos de las personas que creemos que nos pueden ayudar a conseguirlo. 

Juntarse a comer, beber, hablar, cantar... desconectar de la rutina y diluir un poco las penas en la alegría colectiva. Reuniéndonos en un entorno natural, prendemos un fuego, que nos servirá para cocinar, para calentarnos... nos ayudara a conectarnos con el grupo, y a ratos, con nuestro interior.

Es un plan idílico. Buena compañía y abundantes manjares para saciar el hambre y la sed, conversaciones distintas para desahogar nuestras ganas de hablar... Comunicarse cantando, relacionarse bailando... Sería imposible pasarlo mal.

Organizamos este tipo de eventos, pero a veces, no todo fluye en la armonía correspondiente. Cuesta creerlo, con semejante preparación, pero en algunos casos sucede. 

El ambiente cordial y amable empieza a sabotearse con la aparición de algunas actitudes más agresivas. Dos o varias personas discutiendo, comentarios cortantes difíciles de asimilar, divisiones del grupo en "minigrupos"... manifestaciónes del conflicto que empiezan a tomar protagonismo en nuestro grupo. 

Pasamos de soportarlo todo, a encontrar incovenientes. Durante la fase amable, la comida se quema un poco, o falta algo... y todo son sonrisas y no pasa nada.

Pero derrepente, es distinto. Afloran tensiones y las "risas" provocadas para aclimatar cada vez son más forzadas.

Un silencio incómodo prosigue a las actitudes más despuntadas y, lo que era un fluir bastante armónico, se convierte en un piano de cola rodando por unas escaleras.

El grupo se tambalea. ¿Qué a podido pasar? Seguramente haya muchas interpretaciones. Pero generalizando, se me ocurre lo siguiente. La primera viene relacionada con lo de reunirse libremente para . Tal vez nuestro equipo se haya creado por compromiso, y hay algunas personas que no han acudido a la cita por voluntad propia.

Por buena fe y buena voluntad, el plan continua tirando hacia adelante. Si  conseguimos socializar los objetivos de pasarlo bien, y logramos que todo el mundo vaya encontrando su lugar, puede ser que quién en principio no se veía con comodidad en el grupo, se integre.

Pero si vemos que no estamos consiguiéndolo, urgentemente deberíamos de modificar el plan. Aceptamos que la reunión no va a ser exactamente como la habíamos proyectado. Y si no logramos remontarlo sobre la marcha acortamos la duración

Existen infinidad de reuniones que mientras no sobrepasen el tiempo justo, pueden repetirse continuamente a lo largo de nuestra vida sin suponer el más mínimo conflicto.

Reunirse en familia, con vuestra gente, con las personas que queréis no es necesario que se convierta en algo caótico, ni que la solución sea no juntarse. Creo que a todo el mundo nos a sucedido alguna situación bochornosa en parrilladas, cenas o comidas familiares, reuniones de empresa... pero dejar de organizar este tipo de encuentros, desde mi punto de vista, sería terrible.

Así que, concluyendo, no os desaniméis si alguna vez al juntaros os sucede algo parecido, no dejéis de intentarlo y centraros en que todas las personas que se reúnan en torno a vuestro fuego se sientan acogidas y cómodas.

¡Felices parrilladas y grandes momentos Equipo! ¡Hasta la próxima!

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